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jueves 17 de junio de 2010

Relato de Una madre

Mi hija lleva todo el año protestando porque se me ocurrió apuntarla a ballet como actividad extraescolar. Que por qué la mando, que no le gusta, que su mejor amiga se ha borrado, que menudo rollo, que la profesora le grita mucho. Quejándose un día sí y otro también, durante cada viaje de ida y cada viaje de vuelta al colegio, se ha ido arrastrando el curso.
El último mes he notado una ligera mejoría; se acerca el día de la función y mi hija está mucho más contenta. Un vistoso disfraz de vaquera -que me vi obligada a comprar a precio abusivo- espera el día del estreno colgado en su armario.
Ilusionada, luce a todas horas su sombrero de ala ancha, con la estrella de sheriff bordada en el frente. Sale de la bañera, se pone el pijama, corre al espejo y se lo coloca ladeado, con un cierto aire de perdonavidas. Nada más despertar, antes siquiera de coger su bata, se encasqueta su stetson, como en la serie americana esa... Sí, la del malo malísimo... el del nombre que resulta corto al escribirlo y largo al pronunciarlo... creo que tenían petróleo ¿o eran viñedos?... Nada, que no consigo acordarme; de un tiempo a esta parte mi memoria ya no es la que era...
Por la mañana, haciendo unas compras, me he encontrado con la madre de una amiga de mi hija mayor -de la que, por cierto, nunca consigo recordar cómo se llama-. De repente, me ha preguntado:
-¿A tu hija también le ha tocado hoy el turno de tarde?
-El turno ¿de qué?
-Pues de qué va a ser, del ballet.
-¡El ballet!
¡No puedo creerlo! Hoy es sábado, el día de la actuación, ¿cómo he podido olvidarlo?
Se me ha borrado de la mente: un apagón neurológico sin fecha anunciada.
Dejo la cesta ahí mismo y salgo corriendo sin despedirme, dejándola con la palabra en la boca. Llamo a casa para avisar a mi marido y pedirle que disfrace a la niña mientras llego. Es como en aquella película... ¿Cómo se llamaba? Sí, hombre, la de la actriz con voz de pito, la que se casa con ese actor de la boca rara... Ay, por Dios, tengo el título en la punta de la lengua... Esa que van en un avión y… No, no es un avión es un tren. Sí, eso es, van en un tren, pero en uno normalito, no de los de alta velocidad...
...Pero ¿dónde estoy?... Esta calle no me suena de nada... Y ¿quién será el tipo ese que no para de hacerme señas como loco?... Mira que llevar a su hija vestida de vaquera a las once de la mañana... La gente ha perdido los papeles; se le ocurre cada cosa... ¡Dios mío, que viene corriendo detrás!, será mejor que acelere. ... ¡Qué miedo! El mundo está lleno de lunáticos...

4 comentarios:

  1. Un relato muy bueno, sin duda merecedor del premio, enhorabuena.

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  2. buenisimo el relato, si señor, me identifico...je,je. enhorabuena, estoy con felisa que el premio es merecido.

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  3. Un relato tristísimo, y aunque se ve venir, lo has contado muy bien, consiguiendo mantener el interés hasta el final, además de con mucho tacto.
    Enhorabuena.

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  4. Muchísimas gracias a todas por vuestros comentarios.
    Me ha hecho muchísima ilusión recibir este premio.

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