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lunes 14 de junio de 2010

Relato de Madhya

El otro día me encontraba un tanto sola y me fui a bailar con "una amiga" a una discoteca. Era el espacio para hombres y mujeres separados y separadas.
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Ya al entrar sentí una bocanada que me echó para atrás. Una luz mortecina, un grupo musical voceando porque poco tenían de melodía... Mujeres y hombres opacos, fumando alrededor de las mesas y bebiendo supongo, vino o cerveza.
Sombras humanas en un lóbrego lugar. Al fondo la pista para bailar.

Y como en aquella película: "Danzad, danzad malditos" me vino a la mente su recuerdo. En época de guerra a alguien se le ocurre un curioso juego. El que baile más tiempo tiene un premio. La pobreza era inmensa, no hay alimentos ni dinero para conseguirlos. Así que la gente baila tragándose la desesperación por alcanzarlo.La película era terrible. Algunos se desmayaban, otros caían sin fuerzas. Al final el animador voceaba el premio.
Algo así sentí en esta discoteca.
Cuerpos densos y pesados moviéndose a saltos en el semioscuro espacio. Risas exageradas, miradas rápidas que delataban el vacío, la amargura, su oculta tristeza. ¿Heridas del pasado?
Hombres y mujeres que a diario trabajarían. Tendrían sobre sus espaldas el cansancio acumulado pues no eran tan jóvenes. Pero: "Baiilad, bailad malditos", mientras en Haití se mueren nuestros hermanos.

Nos traían chistorra, mortadela y hasta un chocolate con churros. Lo importante es que sigáis bailando, que no os falten las fuerzas.
Diálogos chillando más alto que la música, entre la penumbra, por encima de las mesas. Simplezas en el hablar. ¡Tragedia!

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