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miércoles 2 de junio de 2010

Relato de Joleyo

Los sueños de Ana transcurren como en aquella película….
Cada día sube las escaleras de su casa. Vive en un cuarto sin ascensor, así es que cuando llega arriba va sin resuello. Aún siendo tan joven, pues solo tiene 10 años, los cuatro pisos la agotan. Es sábado por la tarde, y los sábados toca cine. Para ella el cine es mucho más que un divertimento, es una razón de vida, un reducto de magia que la salva de su realidad. Hoy ha ido a ver ‘El Mago de Hoz’, y viene tarareando las canciones desde que salió de la sala.... “Some where over de rainbow, some where way up high...” A Ana le encantan los musicales porque en ellos todo el mundo parece ¡tan feliz...! Y luego está la vida real, sin música.
Cuando llega a casa encuentra a su madre fregando los platos, está de espaldas, pero percibe un movimiento en sus hombros que resulta familiar, y un leve susurro que ya conoce... Su madre está llorando otra vez. Intenta disimular cuando llega la niña, pero no puede. Ana se acerca lo suficiente para ver que su padre le ha vuelto a pegar. Y Ana se aguanta la rabia, las ganas de odiar, aprieta los dientes y calla...Abraza a su madre y sin palabras le dice: Madre, hay un lugar para ti y para mi más allá del arco iris.... Tiene que haberlo...
Y la vida prosigue en ese barrio, donde la pobreza se instaló sin perspectiva de mudanza, sucio y gris, de escaleras estrechas y portales con olor a orín y lejía, a sudores y a mil guisos.
El tiempo pasa y nuestra chica se hace mayor. Hoy es sábado y va con su primer novio al cine. Como casi todas las parejas se sientan en la última fila, para hacer:
‘Juegos de manos, a la sombra de un cine de verano. Juegos de manos, siempre daban una de romanos’...
Y entre beso y beso tiene tiempo para ver ‘Robin y Marian’. Robin Hood y su prima Marian, convertida en monja, envejecidos y acabados, nos muestran un amor que sobrevive a un mundo que ya no es el suyo, a un pasado que se derrumba a sus pies. Viejos, perdidos y solos, encuentran en su amor la dignidad de los héroes.
Al final de la película, se escucha en los labios de Marian, una de las declaraciones de amor más bellas de la historia del cine: “Te amo. Te amo más que a todo. Más que a los niños. Más que a los campos que planté con mis manos. Más que a la plegaria de la mañana o que a la paz. Más que a nuestros alimentos. Te amo más que al amor o a la alegría o la vida entera. Te amo más que a dios”
Por la noche Ana sueña con esas palabras, y con el deseo de que alguien, alguna vez, le diga algo así, o parecido... ¿Quién no pensó en un amor total a los 18?
Mientras sueña con vivir todo aquello que ve en las películas sigue subiendo al cuarto sin ascensor cada día, cada sábado, y ahí está su madre más cansada, más vieja, más triste.... Y de nuevo comienza la rueda, a soñar para poder vivir, a sentir para poder soñar.... y crecer, y crecer para saber más, llenarse de vida, comérsela a dentelladas, respirar y huir. Entonces llegó Hair..: “When the moon is in the seventh house...” El mundo era pacifista y hippy. El mundo era la revolución, y ella quería vivirla.
Sin embargo, la juventud es un pájaro fugaz que se escapa entre los dedos y Ana se casará y tendrá hijos, y ella y su marido no serán Marian y Robin. Pero había que anclar en alguna estación, había que cumplir las reglas sociales de las que no supimos desprendernos. El divorcio fue inevitable, y la soledad también.
¿Qué es lo que quieres Ana?... Y el cine le respondió:
“Todos queremos más o menos lo mismo: que nos entiendan, que nos quieran, que nos escuchen, que nos cuiden; que la persona que amas sueñe contigo cada noche, estar a su lado y poder llegar a entender lo que nos pasa y porqué hacemos lo que hacemos”.
(‘El pájaro de la felicidad’)
Y así la vida transcurre con gentes que pasan, a ratos se quedan, y luego se van; y el cine que guió a Ana en su peregrinar vital la llevó de la mano hasta el final, hasta el The End de su vida.
Ana se acuesta cansada, hoy es el día de su 82 cumpleaños, y su cuerpo nota el paso del tiempo en los huesos. Cierra los ojos para siempre…Y Ana ya no es Ana, sino una chica delgada y encantadora, sentada en el alfeizar de una ventana con una guitarra, cantando una canción en la forma más dulce que puedas imaginar: “Moon river wider than a mile. I’m crossing you in style some day...”

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